Dicen que aprendió a poner los pases al callo viendo a “Cuá Cuá” Hormazábal. Que se quedaba mirándolo en los entrenamientos cuando era juvenil. Daba lo mismo con la izquierda o la derecha, su pegada era única. Hizo un gol en el Maracaná a Botafogo en el primero triunfo chileno en Brasil -2 a 1- en el imborrable Colo Colo 73. “Tú salías corriendo y sabías que Chamaco te ponía un pase de 40 metros con ventaja”, recuerda el “Pollo” Véliz. “Fue el único chileno que salió elegido mejor jugador en un partido en que estaba Pelé en los hexagonales”, cuenta Humberto “Chita” Cruz.

Las historias de Chamaco son miles. Su recuerdo glorioso como uno de los deportistas más grandes de la historia. Dicen que se fue con pena. El jueves recién pasado falleció su hermano Mario y, cuentan los que lo estaban cerca de él, que cayó en depresión. Hoy, a las 18.30 horas, su actual pareja –Valdés estaba separado- lo encontró boca abajo. Pensó que estaba durmiendo y lo quiso despertar. Pero era tarde. Un fulminante ataque cardiaco le provocó la muerte.

Desde pequeño en la población Juan Antonio Ríos que Chamaco fue un elegido. A los siete años jugaba contra chiquillos de once y los volvía locos. Su habilidad para habilitar a sus compañeros era especial. Debutó por Colo Colo e inmediatamente se hizo crack. Luis Alamos lo nominó al Mundial de Inglaterra 1966, pero tuvieron problemas. Se dice que ese es el equipo chileno con mayor odiosidad interna de toda la historia y Valdés se cruzó con el DT. No jugó nunca y no le habló más al Zorro. Pasó por Unión Española y en 1971 se fue a Antofagasta.

Hasta que en 1972, recibió un llamado de un ex amigo: Luis Alamos. El Zorro, quien estaba entrenando a Lota Schwager, había pasado a Colo Colo y lo citó a conversar. “Quiero que vuelvas al equipo, que todas las pelotas pasen por ti y que seas el líder”, le dijo. Chamaco aceptó la oferta, sin saber que ese equipo marcaría historia, y volvió en gloria y majestad.  Llegó pesando 74 kilos y en dos meses estaba en 66. Los que lo vieron jugar lo definían como ágil, inteligente y despierto. La campaña del equipo retrasó el golpe militar, provocó hechos de euforia nunca vistos –como cuando fueron recibidos  una semana después en el aeropuerto tras el triunfo ante Botafogo por miles de personas- y Chamaco se edificó como el gran abastecedor de Caszely, Ahumada y Véliz. “Era un grande. No necesitaba correr demasiado para jugar. Sabía donde estar y siempre te ponía un pase con ventaja. Uno de los mejores jugadores que he visto”, afirma Carlos Caszely.

 

 

Chamaco era la alegría, el fútbol espectáculo, el gancho perfecto por el que cualquiera paga una entrada. Tras su retiro del fútbol, dirigió a Arica, Coquimbo y Audax, entre otros. Era tan grande que tuvo dos sobrinos futbolistas que ocuparon su seudónimo: Luis “Chamaco” Bustos y Sebastián “Chamagol” González. Hace seis años tuvo que ponerse un by pass gástrico. No iba al estadio a ver a Colo Colo desde que hace cinco temporadas no lo dejaron entrar al Monumental. Sintió que su gloria no era respetada y se decepcionó. Tanto, como la muerte de su hermano el jueves pasado. A sus 66 años, seguía trabajando con 180 niños en riesgo social de Recoleta. Se fue en su estilo: con sorpresa. Como esos chanfles que impresionaban a sus rivales y extasiaban a sus compañeros. Adiós, Chamaco!

3 Responses to “La Magia de Chamaco”

  1. ruminot says:

    Grande Chamaco!

  2. Oscar Oyarce says:

    Fue mi entrenador en la enseñanza media en un colegio de Maipú. Ganamos grandes partidos y hasta un campeonato a nivel comunal gracias a el.. sabia un kilo de futbol… tengo los mejores recuerdos, gran persona y excelente como jugador. el único ídolo colocolino a quien le tengo respeto. Que en paz descase.

    O.

  3. George Best says:

    Uno de los más grandes que dio nuestro fútbol. Ojalá esto sirva para cuidar a nuestros ídolos, respetarlos y acercarlos a la juventud. Una entrada al estadio no es comparación con las enseñanzas que dejan tipos de esta embergadura. No sólo se fue el futbolista con más goles en nuestra Liga, se fue el Chamaco, un hombre que dedicó su tiempo a cultivar lo que aprendió en su carrera a niños en riesgo social -como bien dice el texto-, a practicar la verdadera amistad y demostrar que la pelotita es sólo un juego. Gracias Chamaco, un verdadero crack, sin aros ni pulseras de diamantes.

    Creo que en otro país, el Chamaco, no sólo tendría un palco en el estadio, tendría derecho a estar permanentemente en un club, a encaminarlo, a demostrar lo valioso que fue en lo humano, un tipo que pasó su retiro en beneficio de los niños. Quizás ningún chico de los que tuvo llegue a jugar en primera, pero varios le agradecerán por siempre cada una de sus palabras y gestos.

    Hasta siempre Chamaco

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